Image - 2026-10-16 02:25
Era una tarde bien alegre en el parque La Concordia, en Ahuachapán, El Salvador. Yoryo, un cipote de 12 años, llegó con su trompo en la bolsa, buscando a sus diez bichos para echarse una buena jugada. —¡Vaya, majes! ¿Y qué ondas, pues? ¿Quién se va a dejar caer hoy? —gritó Yoryo. —¡Callate, vos, Yoryo! —le respondió Kevin—. Si el otro día hasta debajo de la banca fue a parar tu trompo, jajajaja. —¡Nombre, maje! Es que ese trompo estaba bolo, no agarraba ni verga —contestó Yoryo, haciéndose el enojado. Steven, Fernando, Miguel, Pichinte, Brandon, el Chino, Josué, Erick y Carlitos comenzaron a reírse. —Miren, bichos, hagamos una cosa —dijo Pichinte—. Todos ponemos el trompo aquí en el suelo y el que lo saque del círculo gana. ¡Sin andar de tramposos, veá! —¡Simón, hombre! Pero el que pierda invita las golosinas —dijo Miguel. —¡Puchica! Este maje ya quiere comer gratis —soltó Fernando. Todos prepararon sus trompos. Yoryo enrolló la pita, levantó el brazo y gritó: —¡A la de tres, pues! ¡Una, dos y… tres! ¡PÁCATA! Los trompos cayeron girando sobre el suelo. Uno salió disparado hacia una banca, otro quedó dando vueltas como loco y el de Kevin ni siquiera logró bailar. —¡JAJAJA! ¡Qué ondas con ese trompo, Kevin! ¡Parece que tiene sueño, maje! —se burló Steven. Pero de repente, el trompo de Pichinte chocó contra el de Yoryo y lo mandó directo al círculo de los ganadores. —¡EEEEH! ¡Vieron esa jugada, bichos! ¡Aprendan, que aquí está su papá! —gritó Yoryo, saltando de la emoción. —¡Bajate de esa nube, maje! —le dijo Kevin—. ¡Fue pura suerte, no te creás tanto! Todos comenzaron a reírse mientras el sol bajaba sobre Ahuachapán. Al final, se sentaron en una banca a compartir churros y golosinas. —Vaya, mañana otra partida, pues —dijo Yoryo. —¡Simón, pero mañana te ganamos, cerote! —respondió Pichinte. Y así terminó otra tarde de los bichos de La Concordia: con trompos, vacil, risas y pura amistad salvadoreña. FIN. 🇸🇻
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